No es como que odie a
todos, pero tampoco me inspiran confianza. La verdad es que prefiero
arreglármelas sola y trato de nunca pedir ayuda. Me gusta ser independiente,
aunque sé que no es totalmente cierto… eso me frustra. A veces siento que tengo
más responsabilidades de las que debería… no sé, me caga que pase algo por
decir en mi familia (digamos una urgencia médica) y ello interfiera con mis
planes… quisiera poder desprenderme de todo ello, aunque me tacharían de
egoísta, pero no lo hago… finalmente todavía los quiero, y me siento un poquito
bien ayudando.
¿Amigos? Ha, creo que los
tuve alguna vez, hasta que comencé a darme cuenta de que la gente sólo te busca
por interés. Las chicas son peligrosas, pueden mostrarse confidentes al estar
contigo, y a tus espaldas hablar mal de ti. Qué hueva la hipocresía. Los chicos
son peligrosos, tantita confianza que les demuestres y ya sienten que les estás
dando entrada, que estás coqueteando con ellos, que quieres algo más; en
especial si eres bonita. Y qué hueva gustarle al que no te gusta.
Además, cada vez conoces
más gente (sin conocerla realmente) y pronto te es imposible ser amigo de
todos, te vez forzado a elegir… o a no hacerlo, esperar mejor a que te elijan.
Si tú y algún candidato a amigo cercano tienen algo en común, digamos un hobby
o el ser compañeros de clase, pueden compartir momentos entretenidos, pero
terminan y cada quién regresa a su privacidad; se vuelven mutuamente
excluyentes, sólo se ven para algo concreto, si no, ni se hablan.
Como que cada quién vive
enfrascado en su individualidad. Y es que la tenemos difícil, a veces uno
siente que le hacen falta horas al día o que sería mejor no dormir. Hay tantas
cosas que nos apasionan y otras que simplemente “tenemos” que hacer, además de
las ganas de socializar… uff! No se puede todo, ¿o sí? Y luego échale el
preocuparte y hacer algo por mejorar las cosas en tu país…
Respecto a eso, muchas
veces es mejor no hacerlo. Sabemos que la economía mundial, y por lo tanto la
política, está controlada por unas pocas manos, a las que les interesa poco el
bienestar de la sociedad. ¿Qué sentido tiene estresarse e intentar cambiar las
cosas si de todos modos no se logra nada? Si de todos modos somos parte del
sistema, mejor vivamos y disfrutémoslo en la medida de lo posible, pensando en
pequeña escala, enfocándonos en sobrellevar nuestro día a día, pasar tiempo con
nuestros seres queridos y hacer lo que más nos gusta. No digo que seamos
apáticos o apolíticos, pero el vivir acomplejados por estar conscientes de la
triste realidad acabaría por volvernos locos.
Creo que de ahí nace ese
sentido de egoísmo, de narcicismo. Eso que a los mayores tanto les gusta llamar
“desinterés” o “enajenación”, al vernos más atentos a las pantallas de nuestros
teléfonos celulares o más a gusto con nuestros audífonos en lugar de atentos a
lo que ocurre a nuestro alrededor. Y cuando hacemos algo por los demás o
luchamos por una buena causa, nos sirve también para alimentar nuestro ego.
Creo que nos es inevitable. Y no es como que sea culpa nuestra, sino que es la
sociedad actual la que nos ha orillado a eso… finalmente, ante la impotencia de
no poder cambiar el mundo, ¿qué nos queda?
Por Abril Mejías
Habiendo leído "La era del vacío" de G. Lipovetsky
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